EL ORO VERDE ASTURIANO

Nos cuenta Jessica Puga, en la sección gastronómica El Yantar de El comercio, datos muy interesantes sobre la producción asturiana de kiwi: «El interés por el kiwi en Asturias no deja de crecer. La región ya dedica más de 200 hectáreas a su cultivo, el doble de las que había a principios de la década, y todo apunta a que el techo aún no se ha alcanzado. El Bajo Nalón es la principal zona productora, si bien al empuje que suponen los concejos de Pravia, Soto del Barco y Muros de Nalón hay que sumar lo que sube por la vega del Narcea hasta Salas. Este conjunto aglutina más del 60% del terreno productivo regional total. Le siguen Piloña, Villaviciosa, Navia, Belmonte de Miranda y Ribadesella«.

Apetece leer el artículo y poner en práctica esas recetas de Ensalada líquida con magret de pato y kiwi en osmosis de mojito, y la deliciosa Tarta de kiwi, sobre todo ahora que es temporada.

El Yantar (El Comercio) El oro verde asturiano

El sector agroalimentario en Asturias

Artículo muy interesante de El Comercio que combina experiencias del sector con su significado para Asturias en cifras. Publicado en la Sección «Héroes del Campo». Aquí os dejamos un extracto, os recomendamos ir al enlace para leerlo completo.

EL CAMPO EN CIFRAS

El sector agroalimentario asturiano, centrado en la ganadería extensiva debido al clima y las condiciones orográficas de la región, es a la vez muy heterogéneo y tiene un importante peso en la economía

PIB
14%
  • tiene un peso en el PIB regional del 14%, excluyendo el canal Horeca
Puestos de trabajo
21.491
  • supone, como mínimo, 21.491 empleos directos, pero implica muchos más
Hectáreas
450.276
  • hectáreas del terreno asturiano se destinan a las producciones agrícolas
Empresas
717
  • empresas de la región, desde productoras a transformadoras, se dedican a este sector

«Somos el sector más estratégico para cualquier territorio»

Un antes y un después para el mundo rural. En febrero se manifestaban para pedir respeto y ahora se lo están ganando a pulso. «La gente se da cuenta, saldremos reforzados de esta situación»

Eugenia García

Hace dos meses el medio rural llenaba las ciudades de tractores, rastrillos, azadas y pancartas para reinvidicar su papel. La crisis desencadenada por el coronavirus ha puesto aún más de relieve su importancia como garante de la soberanía alimentaria de la región. El campo no espera y quienes viven de él no paran. ¿El objetivo? Llenar la despensa de un millón de habitantes.

El campo asturiano, pese a su sangría poblacional o el envejecimiento de sus fuerzas vivas sigue ahí, afrontando una nueva dificultad. No hace nada que no lleve haciendo décadas, bailando únicamente al son de la naturaleza, pero ante la adversidad parece crecerse. Brillar más. Y, con las fronteras prácticamente cerradas y la incertidumbre en el horizonte, se comprende su valor estratégico para garantizar no solo nuestra cadena alimentaria, que por supuesto es fundamental, sino también su importancia económica y su potencial de desarrollo.

La despensa de Asturias, su sector agroalimentario, genera según la Consejería de Desarrollo Rural unas ventas anuales de 1.700 millones de euros, de los que 1.023 millones corresponden a la facturación de la industria láctea. El peso de esta actividad en la economía regional es del 14% del PIB.

Es un sector amplísimo, con más de 700 empresas y que genera, según datos de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei), 21.491 empleos directos y de lo más variado, ya que abarca desde el agricultor que planta faba en Villaviciosa hasta el ganadero que tiene una explotación de leche en Tineo o el carnicero que despieza una vaca en Gijón. De nuevo según datos del Sadei, al menos 450.276 hectáreas del terreno de nuestra región se destinan a las producciones agrícolas, contando cultivos forrajeros, patatas, hortalizas o árboles frutales, entre otros. Y eso que, según explica el técnico José López, quedan fuera muchas hectáreas, ya que «gran parte de la producción hortofrutícola –manzanas para sidra casera, pequeños huertos– se dedica al autoconsumo o no pasan por los circuitos comerciales convencionales, lo que implica que la información sobre la superficie agrícola es escasa salvo para los alimentos certificados».

Sabemos, eso sí, que hay 542.167 cabezas de ganado bovino, ovino, caprino y equino, y 32.105 explotaciones ganaderas; que en la última campaña láctea se entregaron 558.349,3 toneladas de leche a un precio medio de 0,343 euros por litro.

También que la agricultura ecológica está creciendo a un ritmo significativo, al pasar de 68 productores y 1.920 hectáreas en 2002 a 425 productores y 13.264,5 hectáreas en 2018, último año del que se tienen datos. Y que las marcas de calidad, como la Indicación Geográfica Protegida ‘Faba Asturiana’, también demuestran año a año su buena salud con cifras: 189 hectáreas y 188 toneladas de producción certificada frente a las 94 hectáreas y 65 toneladas de 2001. En el caso de la IGP Ternera Asturiana hay 6.000 explotaciones, casi 2.000 más que en 2002. También la producción de chosco bajo la IGP Chosco de Tineo se ha multiplicado desde 2013, cuando se contabilizaban 1.993 kilos, hasta los 44.000 actuales. Las queserías asturianas elaboran anualmente 710 toneladas de queso de las DOP Cabrales, Gamonéu, Afuega’l Pitu y Casín y la IGP Los Beyos. La producción de sidra DOP ya ha superado los cinco millones de botellas anuales y la de vino DOP Cangas alcanzó 138.132 litros.

PRODUCTOS AGRÍCOLAS

En un contexto de crisis como el actual, el papel que desempeña el sector primario se revela aún más fundamental. Fuente de riqueza y garantía de abastecimiento, el campo reclama su sitio

Faba asturiana IGP
188 Tn.
  • cosechadas, en un total de 189 hectáreas
kiwi
4.900 Tn.
  • recolectadas en una superficie de 197 hectáreas

Buena parte de la riqueza de Asturias reside en su tierra. En sus huertas, en sus fincas, en sus vegas, donde conviven cultivos tradicionales con otros más recientes que ya son parte del paisaje agrícola de la región. Y en las manos de quienes las trabajan, que se esfuerzan en sacar adelante un sector esencial que, a pesar de la incertidumbre, espera salir reforzado de esta crisis.

«Siempre pensé que el campo era el futuro, pero hoy en día más que nunca», defiende Luis Alonso, productor de faba IGP en Piloña y quien trata de hacer del campo un medio de vida sostenible. Hace ya unos años que este piloñés decidió dedicarse «en serio» a lo que al principio surgió como un entretenimiento con amigos. Y le fue bastante bien. En 2019, él y su por entonces socio obtenían el premio a la Mejor Faba IGP en el certamen de Villaviciosa. Aunque la cosecha de este año se ha malogrado, Luis Alonso sigue adelante. En mayo, tiene previsto sembrar 1,7 hectáreas, que el próximo año ampliará a 3,7. Mientras, no ha parado. «Sembré cebolla, ajo, arbejos, patata» enumera este emprendedor que espera poder comercializar la producción en Piloña.

Esa es también la ilusión de Inmaculada Pérez, «vender aquí, en canales cortos de comercialización» los casi 20.000 kilos de kiwi que produce en la finca Les Campes, en la localidad piloñesa de Antrialgo. Partidaria del consumo de cercanía, trata de que «en Piloña se genere una economía de tipo circular, que además de fomentar la producción primaria generaría empleo», señala la responsable de Eco Kiwi de Asturias, un proyecto familiar que arrancó en 2004 a partir de semillas y que sigue funcionando. La clave está en que «no lo entendemos como un negocio, sino como una forma de vida».

EL COMERCIO https://www.elcomercio.es

El viaje de Biela y Tierra

En Julio de 2019 tuvimos la fortuna de formar parte del viaje de Ana y Edurne de Biela y Tierra.

Conocerlas fue inspirador, son dos personas maravillosas que se propusieron visibilizar los proyectos de producción ecológica en el mundo rural. Trazaron una ruta que recorrieron en bicicleta, y ese periplo sirvió para unir las distintas iniciativas.

Ana y Edurne, con su original viaje, demostraron que otro modo de vida es posible, y lo lograron diciendo: mirad, ya hay personas que viven en el campo y del campo en zonas despobladas.

Biela y Tierra, con su lema “la alimentación como motor de cambio”, están dirigiendo la mirada hacia la economía local. A estas alturas ya tenemos los resultados del “experimento” del que la humanidad entera es cobaya: la agroindustria. Ya sabemos de los efectos en la salud de las personas y de la tierra de los agrotóxicos, sabemos que la industrialización de la agricultura nos conduce a la imposibilidad de vivir del campo.

Pues bien,  lo que Ana y Edurne vinieron a recordarnos es que cada uno de nosotros puede establecer sus propias estrategias para cambiar el modelo económico. A través de la alimentación podemos cambiar nuestro estilo de vida. Si cambiamos nuestra manera de producir y de consumir ya estamos reduciendo el poder de las grandes empresas.

Estas mujeres valientes y necesarias, nos han dejado su mirada: una perspectiva de  cooperación frente a la competencia, que es, en mi opinión, una perspectiva de género. Hablar de “soberanía alimentaria” es hablar de los movimientos latinoamericanos de mujeres feministas, campesinas que reivindican al mismo tiempo derechos para las mujeres y sus propuestas ecológicas. La mirada femenina es importante porque otorga relevancia moral y política al mundo natural.

Y, junto a ella, la mirada ecológica es importante porque no atiende a la ley del mercado,  que es la que convierte el mundo en un inmenso almacén de materias primas. En el cuaderno de bitácora de Ana y Edurne vemos que hay un retorno al campo de mujeres formadas y valientes, con voluntad transformadora, que quieren ser agricultoras ecológicas en un momento particularmente difícil en el que las políticas agrarias, los mecanismos de mercado y las grandes corporaciones están asfixiando a las pequeñas producciones.

Vivimos un momento de emergencia climática que está despertando las conciencias poniendo el foco en muy diversos asuntos. Nos llegan auténticas riadas de información…y no sabemos muy bien como ordenar todo eso. Yo creo que merece la pena pensar la diferencia, si la hubiera, entre nuestra salud y la del planeta, entre cuidar de nosotros mismos y de los otros, y aquí me refiero no sólo a las otras personas, sino a los animales no humanos.

Para valorar la importancia de nuestros actos nos sirve como imagen, como clave simbólica, “El efecto mariposa”: así es más fácil imaginar que nuestras pequeñas acciones son capaces de generar grandes cambios. Así que yo espero vivir para ver que el batir de nuestras alas provocará un huracán a nivel global.

El post de Biela Y Tierra: «Ecokiwi: Cultivando ilusión»

El vídeo de Biela y Tierra: «Kiwis de cultivo ecológico»